Minilunas: los nuevos chicos del vecindario (¿?)

Por Mario Sucerquia, investigador postdoctoral del Núcleo Milenio de Formación Planetaria

Febrero sorprende con una gran noticia ¡la Tierra tiene una nueva luna! Cientos de ciudadanos atestiguan que en la noche del 9 de febrero han visto una seguidilla, una procesión de una docena de objetos brillantes que han surcado el cielo rompiendo la tranquila oscuridad de la fría mañana canadiense.

Días después, algunos científicos han confirmado las observaciones, calculando que, según los relatos de los observadores en diferentes lugares de Canadá y los Estados Unidos, dichos objetos debían viajar a unos 4200 kilómetros sobre la atmósfera, siguiendo “órbitas  concéntricas o quasi concéntricas con la superficie de la Tierra” tal y como la órbita de la Luna. Estaba comprobado entonces: la Tierra tuvo temporalmente una docena de nuevas lunas.

En esta ocasión, y por fortuna, estos avistamientos no estaban relacionados con la novedosa y brillante constelación de satélites Starlink puestos en órbita terrestre en 2018 por la empresa SpaceX. De hecho, en 1913, cuando ocurrió La gran procesión de meteoros de 1913” —el evento que se relata en el párrafo anterior— nadie se imaginaría que unos cien años después tendríamos miles de nuevas lunas artificiales surcando el espacio circumterrestre, lo que simboliza un triunfo de la ingeniería aeroespacial, pero frecuentemente, como en el caso de los Starlink, con consecuencias indeseadas y hasta catastróficas para las ciencias básicas como la astronomía y la astrofísica.

Pintura meteórica del 9 de febrero de 1913, vista cerca de High Park, por Gustave Hahn Image Créditos & Copyright: RASC Archives
Pintura meteórica del 9 de febrero de 1913, vista cerca de High Park, por Gustave Hahn Image Créditos & Copyright: RASC Archives

Las minilunas

En otro febrero, esta vez el día 15 pero del año 2020,  un equipo de científicos descubrió un tenue objeto de tamaño similar al de un automóvil, que según su movimiento podría ser una segunda luna terrestre. Esta pequeña luna, que fuera bautizada con el poco romántico nombre de 2020 CD3, fue observada bajo el proyecto Catalina Sky Survey (CSS) de NASA, cuya misión es justamente la de monitorear los millones de objetos que vagan peligrosamente en las vecindades de la órbita terrestre alrededor del Sol.

Según las simulaciones de computador 2020 CD3 ha estado orbitando a la Tierra una vez cada 47 días durante, por lo menos, tres años y se espera que lo siga haciendo hasta el mes de abril, cuando finalmente se aleje definitivamente del vecindario terrestre. Sin embargo, este destino es todavía incierto.

Por su naturaleza fugaz a estos objetos se les conoce comúnmente como minilunas, u Objetos Temporalmente Capturados (TCO, por sus siglas en inglés) en la literatura especializada. Los dos casos mencionados acá no son únicos; por lo menos otros tres han sido reportados y caracterizados. Por ejemplo, 2006 RH120, que fue descubierto en 2006 tiene un comportamiento bastante particular porque es capturado cada 20 años por la Tierra, para luego alejarse de forma paulatina hasta su siguiente reunión con la Tierra dos décadas después.

Esta miniluna no está exenta de cierto debate científico pues algunos estudios sobre su composición indican que su en superficie abundan compuestos de la familia del óxido de Titanio, material muy usado en colorantes para maquillaje corporal o para pintura industrial. Curiosamente éste es el principal componente de la pintura empleada para recubrir las toberas de los cohetes Saturn V de NASA. 2006 RH120 podría ser nada más que nuestra basura espacial.

Animación de la órbita de 2006 RH120
Animación de la órbita de 2006 RH120

Maravillosa fatalidad

<<Magnífico>>, <<cautivador>> y <<fascinante>> fueron los adjetivos empleados en 1913 por la gente <<privilegiada>> que pudo observar el evento, y por los diarios para describir este fenómeno espacial. Los relatos de los testigos afirman que la gran procesión de asteroides finalizó cuando estos cayeron sobre el atlántico, incluso algunos reportaron explosiones y movimientos sísmicos. Sin embargo, si estos objetos hubieran impactado alguna ciudad importante las consecuencias podrían haber sido otras, quizás más catastróficas que poéticas.

Las pequeñas variaciones en la órbita de la Luna y de la Tierra pueden crear ventanas espaciales y temporales a través de las cuáles asteroides pueden entrar y salir del dominio gravitacional de la Tierra. Así, los TCO podrían también concluir sus erráticas vidas escapando de la órbita terrestre o chocando fortuitamente con ella o con la Luna.

Por mencionar un ejemplo, se ha sugerido que la línea de cráteres de impacto de Campos del Cielo en Argentina se produjeron debido al frenado atmosférico a grandes altitudes de satélites terrestres temporales, cuyo efecto fue conducirlos a una órbita decadente hasta colisionar con la Tierra, por fortuna en zonas desoladas.

En otros hipotéticos casos, dichas colisiones pueden ser aterradoras, o incluso devastadoras, tal y como nos lo han demostrado los casos de Tunguska (1908) y Chelyabinsk (2013) en Rusia. Una detección temprana de los TCO así como su caracterización física y dinámica puede ser el primer paso para evitar catástrofes de magnitudes planetarias.

Dejad que los asteroides vengan a mí

Pero no solo porque sean cautivadoras o potencialmente peligrosas es que vale la pena estudiar a las minilunas. Suele decirse que cada problema representa una oportunidad, y como tal se las ve desde una perspectiva científica e incluso, comercial. Veamos:

Las minilunas están compuestas por material prístino cuyo origen se remonta a la época en que el Sistema Solar estaba apenas en su etapa de formación. Colectar material de su superficie sería una especie de viaje en el tiempo que nos ayudaría a comprender mucho mejor las condiciones en que nuestro Sistema Solar se formó y cómo evolucionó.

Si bien es cierto que algunos meteoritos recolectados en la Tierra han aportado pruebas de esos orígenes distantes en el tiempo, e incluso, se han descubierto nuevos minerales en ellos (Como lo es el caso del meteorito de Allende encontrado en México), poder obtener muestras de objetos que no han sido afectados por el entorno terrestre ni por la ablación atmosférica durante su ingreso a la Tierra puede ser realmente significativo en términos científicos.

Por otro lado, muchas empresas empiezan a ver con cierto interés comercial a los los asteroides vecinos a la órbita terrestre. Un dato: la gran mayoría del oro de la superficie terrestre proviene de antiguos impactos de asteroides contra la Tierra. Calcule usted la magnitud de la oportunidad que los TCO representan.

Pero no solo se trata de oro, las minilunas podrían contener grandes reservas de minerales tanto comunes como exóticos, que podrían generar un sinfín de oportunidades en cuanto a aplicaciones tecnológicas. Además, las minilunas poseen una ventaja estratégica: se aproximan lo suficiente a la Tierra, de modo que su explotación minera puede ser realmente factible en términos logísticos y económicos en el mediano plazo.

Finalmente -y especulando un poco- me pregunto ¿Quién no quisiera un aventón gratuito cuando de un viaje de aventura se trata? Los TCO podrían ofrecer rutas gratuitas o al menos de bajo costo para transportar instrumentos científicos a diversos lugares de la órbita terrestre, e incluso, traerlos de vuelta luego de su aventura interplanetaria. ¿Quién no quiere un viaje gratis en miniluna?

Conclusión

A pesar de su aparente calma el espacio en torno a la Tierra está vivo y seguramente lleno de sorpresas. De cuando en cuando el cielo nos sorprende tanto con eventos esperados (eclipses, tránsitos) como con otros inesperados o impredecibles (minilunas e impactos). Cada uno de estas manifestaciones nos demuestran que tanto nuestra sociedad como nuestra ciencia están conectados, no sin cierta dosis de infortunio, con el espacio. La supervivencia de la especie está ligada a un mejor conocimiento de los cielos, pero de todos modos, y sin lugar a dudas, en el evento de un apocalipsis planetario desatado por impactos de asteroides (o minilunas kamikaze) será antecedido con un emocionante show de fuegos artificiales, mucho más fascinante, incluso, que la evidenciada aquella noche de febrero de 1913. Sigamos sintonizados con el cielo.

Referencias:

http://bit.ly/2uHmG1y

https://nbcnews.to/3ch8cX9

https://en.wikipedia.org/wiki/2006_RH120

 

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *