De “observador” a protagonista, desafíos de la instrumentación astronómica made in Chile

Por Sebastián Zúñiga Fernández, estudiante de postgrado del Núcleo Milenio de Formación Planetaria y del Instituto de Física y Astronomía de la Universidad de Valparaíso.

La primera vez que pensé en este tema fue cuando aún era un estudiante de pregrado haciendo mi práctica de ingeniería electrónica en el Observatorio Las Campanas (LCO). En uno de los turnos participé de la instalación de un nuevo módulo que mejoraría un sistema ya existente en un telescopio que comenzaba a quedar obsoleto. No negaré lo contento que estaba midiendo señales y “tirando cables” pero, al mismo tiempo, pensé que eso podría haberse hecho en el laboratorio de la Universidad Santa María o en el mismo observatorio pero por ingenieros locales.

En la Astronomía observacional no basta con tener un gran telescopio. Por esto, a partir del siglo pasado los instrumentos astronómicos han reemplazado la función que cumplía el ojo humano detrás de los lentes y espejos. La construcción de estos instrumentos es un trabajo que involucra astrónomos, ingenieros, técnicos, estudiantes y personal administrativo, es decir, es un trabajo multidisciplinario en el que, en general, interviene más de una institución. Otro actor importante en este desarrollo son las empresas que se adjudican el desafío tecnológico. Para el E-ELT, por ejemplo, se firmaron contratos de cientos de millones de euros con Schott para los espejos y Astaldi-Cirmolai-EIE para la construcción del domo.

En este sentido aún nos encontramos lejos de poder ser competitivos frente a esta mega industria de los grandes observatorios, pero esto no quiere decir que no exista instrumentación astronómica en Chile. En este último tiempo universidades chilenas se han involucrado en importantes proyectos de desarrollo tecnológico para la astronomía e incluso han diseñado instrumentos 100% en Chile, como es el caso de los espectrógrafos Pucheros y Fideos del AIUC.

Además, hay centros que participan en grandes proyectos internacionales como es el caso de la Universidad de Chile y los receptores de Banda 1 para ALMA o nuestra participación como el Núcleo Milenio de Formación Planetaria en el desarrollo de espejos para el ambicioso proyecto del PFI. Existen alrededor de 9 universidades de Chile que hoy en día están insertas en el desarrollo de la astro-ingeniería, astro-informática y tecnologías afines apoyadas por financiamiento público. Lamentablemente, estos financiamientos no son suficientes para desarrollar un trabajo conjunto real para los grandes consorcios científicos del mundo.

Actualmente, Chile brinda convenientes condiciones a los grandes consorcios astronómicos extranjeros. Desde 1964 poseen derechos de aduana libres de pago, se les devuelve el 19% del IVA de los costos asociados a materiales, herramientas y servicios de operación y manutención de los telescopios, además de ofrecerles estatus diplomático. A cambio de todo esto, los consorcios deben pagar un monto por costo de arriendo a través de la entrega de fondos para universidades chilenas y para beneficiar a las comunidades locales cercanas a los observatorios, incluyendo becas y proyectos educativos. Los observatorios deben también reservar el 10% de su tiempo de observación a instituciones chilenas. Este 10% ha sido un factor clave para el desarrollo de la astronomía en Chile. La pregunta que nace naturalmente entonces es ¿podemos establecer otro tipo de acuerdos con el fin de fortalecer el desarrollo tecnológico de nuestro país?

No está de más decir que hacer cambios en los acuerdos actuales no es algo fácil sobre todo porque, además del estudio técnico de la situación, involucra un proceso de negociación y diplomacia. En otras palabras, requiere hacer el justo balance entre actualizar las condiciones a los nuevos tiempos a la vez que Chile siga siendo la opción más conveniente para los grandes consorcios. Conversando este tema con estudiantes, académicos e ingenieros me he encontrado con algunos que piensan (me incluyo) que Chile debería incluir en sus acuerdos un porcentaje de participación de nuestras universidades e ingenieros en el desarrollo y fabricación de instrumentación astronómica, que los observatorios permanentemente están actualizando. Estos acuerdos, a su vez, podrían fomentar la creación de empresas de alta tecnología en Chile. Un ejemplo de esto es Obstech, un empresa que surgió de un equipo que trabajó en la instrumentación del telescopio Santa Martina en la PUC y que a partir de esta experiencia creó una empresa dedicada a hospedar, mantener y desarrollar telescopios robóticos para uso remoto en todo el mundo (Observatorio el Sauce Telescopio). Este tipo de casos es más común de lo que uno piensa, casos en los que un desarrollo de instrumentación astronómica termina abriendo ideas o proyectos con aplicaciones incluso fuera del área de la astronomía.

Esta participación no tiene que ser solamente en “hardware”, sino que también en el área del “big data”, en la que la experiencia adquirida en los observatorios será de gran relevancia. ALMA genera terabytes al día, el LSST alcanzará 30 terabytes por noche y el SKA aproximadamente 360 terabytes por hora. Esto supone desafíos de almacenamiento, transmisión y análisis de datos, por lo que Chile, al participar de ellos, podría convertirse en la capital de los datos astronómicos y en el líder en astro-informática.

Convertirse en un jugador relevante y valorado dentro del mundo de la instrumentación no es fácil, pero una estrategia a largo plazo bien diseñada permitiría alcanzar este objetivo. Uno de los principales impedimentos es financiamiento. Chile dedica 0.35 del PIB en investigación científica cuando el promedio OCDE es cercano al 4%: se requiere un aumento si queremos aventurarnos en nuevos horizontes. En este sentido, la creación del Ministerio de Ciencia y Tecnología presenta un oportunidad para incentivar estos cambios. Este desafío va de la mano con entender la ciencia como una inversión que vale la pena para el desarrollo cultural y productivo de un país, en la que todos nosotros podemos colaborar con nuestro granito de arena.

Sin duda se han dado pasos importantes en este sentido, la Astronomía y la ingeniería chilena se encuentran bien valoradas en la comunidad gracias a la participación que tenemos en los grandes observatorios en nuestro país, por esto, es importante seguir por esta senda y darle continuidad a los auspiciosos proyectos que ya se están desarrollando en  Chile. La ciencia es creadora de conocimiento pero también puede contribuir en espacios más concretos de la sociedad y en ese sentido la comunidad astronómica siempre ha tenido una presencia activa.

Existen varios nichos interesantes que se pueden explorar desde el punto de vista de la instrumentación, sobre todo los que tienen algún tipo de ventaja dada nuestra cercanía a los observatorios como, por ejemplo,  la creación de espejos que lleva a cabo el NPF, la astro-informática y el manejo de datos, la actualización y desarrollo de mejoras a los instrumentos de los telescopios, etc. Los desafíos de parte de la comunidad van desde la divulgación y la valoración de la ciencia en la sociedad como también involucrarse en los espacios donde se toman las decisiones estratégicas en esta área, lo que abarca desde presupuesto de la nación hasta áreas estratégicas de desarrollo. Es necesario pensar la ciencia como una inversión que debe ser incentivaba en todos los espacios, sobretodo considerando la posición privilegiada de Chile en el ámbito astronómico.

El desafío es que la ciencia se convierta en un catalizador de la innovación, el desarrollo y la retribución social para el país.

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